El proyecto de abrir La Puerta se origina y sostiene porque no estamos conformes con este mundo. Este mundo pretende convencernos de que alcanzaremos la felicidad consumiendo. ¡Qué disparate! No estamos contra el confort, ni hacemos votos de pobreza. Se trata de otra cosa. Para decirlo de una buena vez: aunque podamos comprarlo todo, no alcanzaríamos siquiera a rozar el anhelo más íntimo de nuestro ser; porque en lo más íntimo de nuestro ser hay algo que todavía no es y pide ser, pero nunca llegará a ser por el camino de tenerlo todo.

Aunque sepamos estas cosas, nos obstinamos en olvidarlas. Este olvido es la enfermedad que se ha transformado en el estado normal del mundo. El olvido de nuestra tarea en la vida es la cláusula de admisión para adaptarse a este mundo enfermo; la lucha por la memoria y por la realización de nuestros deseos es la elección decisiva a la que estamos convocados. Porque estar sano, es mucho más que no estar enfermo.

Estamos especialmente disconformes con la forma y el sentido del trabajo. En la mayoría de los casos el trabajo es una obligación odiosa y penosa que sólo sirve para ganar el dinero que nos permita vivir una vida que recién comienza a ser vivida después del trabajo. Las cuestiones fundamentales, como el sentido de la vida, el amor, la gratitud, así como el dolor o lo irremediable, son ajenas al trabajo. Es lógico, entonces, que vivir sin trabajar se haya impuesto como el estado ideal a alcanzar. No estamos de acuerdo con esto. Por el contrario, así como vemos que el trabajo alienado produce una vida alienada, sabemos también que el trabajo es el ámbito y la praxis fundamental para lograr el desarrollo de una vida libre y plena.

Somos conscientes de que todo esto es una cuestión política que sólo puede resolverse políticamente; pero también sabemos que dentro de los límites de lo que hoy se entiende por política estas cuestiones más que irresolubles son impensables. Es por eso que, hartos de lamentos y de quejas que no conducen más que a frustraciones, decidimos emprender, bajo el lema «Hay otro mundo, pero está en éste», un camino de construcción positiva que intente resolver lo que no nos conforma de este mundo.

El Centro La Puerta es una apuesta colectiva para elaborar y construir un ámbito y una forma de trabajo no alienado en medio de este mundo alienado. Se estructura en tres áreas: pensamiento, arte y salud. Ninguna de estas áreas escapa, de por si, a las condiciones generales de este mundo, por lo que la búsqueda y experimentación de formas nuevas de practicarlas es una de nuestras motivaciones y desafíos fundamentales. Por otra parte, no las concebimos como especialidades separadas e inconexas, sino que las pensamos y realizamos en la que consideramos su unidad esencial.