DESMONTAJE DE LAS PASIONES TRISTES
Héctor Fenoglio

Tapa-Lab

 Por Héctor Fenoglio

La premisa fundamental de la cura psicoanalítica es hacer conciente lo inconsciente. Cuando, en los inicios, lo inconsciente era equivalente a lo reprimido, la cura consistía en resolver las represiones mediante interpretaciones y el vencimiento de las resistencias. Posteriormente Freud reconoció que lo inconsciente no coincide con lo reprimido: si bien todo lo reprimido es inconsciente, no todo lo inconsciente es reprimido. Se abrió así un amplio campo de investigaciones y debates sobre el concepto de inconciente y sobre los procedimientos “técnicos” de cura, que continúan en la actualidad.

Aunque todo esto es archiconocido en la comunidad psicoanalítica, no se registran, sin embargo, cambios o aportes significativos tanto en la “técnica” como en los dispositivos de cura: por lo general, tanto por lo legos como por los entendidos, se sigue identificando y reduciendo la praxis psicoanalítica al dispositivo clásico de atención profesional individual en un consultorio, mediante la “técnica” de diván, asociación libre e interpretación, procedimiento surgido y adecuado para hacer conciente lo inconsciente reprimido, pero ineficaz para la investigación y cura de lo inconciente que no coincide con lo reprimido.

EL «LABORATORIO DE PENSAMIENTO»

Quiero poner en consideración aquí una praxis encaminada a hacer conciente lo inconsciente que, aun cuando se aleja considerablemente del modelo clásico de cura, la reivindico como una praxis psicoanalítica. El objetivo que persigo no es legitimar esta praxis bajo la denominación de “psicoanalítica” (cuestión menor ya que lo que verdaderamente interesa es establecer si es eficaz o no, cosa que tengo por demostrada), sino, a la inversa, enriquecer el debate sobre el significado de lo inconciente y los medios prácticos para hacer conciente lo inconciente desde una experiencia que, a primera vista, nada tendría para aportar.

Se trata de un «Laboratorio de Pensamiento» que vengo coordinando desde hace varios años[1]. No se trata de una experiencia terapéutica en el sentido usual del término; por mi parte la considero una experiencia de pensamiento. A diferencia de un Curso, que apunta a la trasmisión literal de un conocimiento establecido, el Laboratorio de Pensamiento tiene por objetivo desarrollar, a partir de ciertos textos, una praxis de interpretación con efectos desalienantes.

Toda lectura y apropiación de un texto es una praxis, es decir, una articulación real, precisa y efectiva entre el contenido y la forma, entre el enunciado y el acto de enunciación, entre lo simbólico y lo real, praxis que determina una disposición existencial de vida. Hay diferentes praxis de escritura y de lectura. La académica, por ejemplo, es una praxis mediante la cual tan solo se registra, de manera conciente, el contenido literal del texto mientras, en el mismo acto, escamotea la praxis efectiva que realiza. La alienación propia de esta praxis resulta del autoengaño, consistente en creer que solo se estudia un contenido literal y no reconoce lo que efectivamente hace.

El Laboratorio de Pensamiento abre otro camino: intenta ser una praxis que, a través de una interpretación no literal, siempre oculta a la posición existencial propia de nuestra cultura, opere un cambio en el punto de vista del lector y, mediante ello, transforme la posición real de vida.

Cuando se habla de interpretación de un texto, por lo general se entiende o bien establecer el correcto significado literal de su contenido o bien aventurar su sentido alegórico, con mayor o menor arbitrariedad, siempre inverificable. La interpretación no literal que buscamos en el Laboratorio, en cambio, aunque se ajusta perfectamente a la letra del texto, no es literal ni alegórica, y verifica su justeza en la experiencia de cambio del punto de vista con una transformación efectiva de la posición existencial encarnada en cada uno.

Pasemos a ver una de las experiencias desarrolladas en el Laboratorio.

LAS PASIONES Y EL PENSAMIENTO EN SPINOZA

Me centraré en el Laboratorio encaminado al «Desmontaje de las pasiones tristes», basado en la Ética de Spinoza, realizado en 2013 y 2014 con un grupo de 10 integrantes en sesiones de 2 hs. semanales.[2]

Según Spinoza, “Si una cosa aumenta o disminuye, favorece o reprime la potencia de obrar de nuestro cuerpo, la idea de esa misma cosa aumenta o disminuye, favorece o reprime la potencia de pensar de nuestra alma” (Prop. XI, parte III)[3]. Y agrega: “El alma puede padecer grandes mutaciones y pasar ya a una mayor, ya por el contrario, a una menor perfección; y estas pasiones nos explican los afectos de alegría y tristeza. Por alegría entenderé, pues, la pasión por la cual pasa el alma a una mayor perfección. Por tristeza, al contrario, la pasión por la cual pasa el alma a una menor perfección” (Escolio).

El objetivo planteado, entonces, consistió en favorecer o aumentar nuestra potencia de obrar. Para hacerlo se propuso la tarea “desmontar” las pasiones tristes llevando a la práctica el “remedio” planteado en las Proposiciones II, III y IV de la Parte V. de la Ética:

  1. II: “Si una conmoción del ánimo, o sea, un afecto, la separamos del pensamiento de una causa externa y la unimos a otros pensamientos, se destruirán el amor o el odio a la causa externa, como asimismo las fluctuaciones del ánimo que nacen de estos afectos”. O sea: “el amor o el odio es una alegría o tristeza acompañada por la idea de una causa externa: quitada, pues, ésta, se quita a la vez la forma del amor o del odio, y, por tanto, se destruyen estos afectos y los que nacen de ellos”.
  2. III: “Un afecto que es una pasión deja de ser una pasión, tan pronto como nos formamos de él una idea clara y distinta”. Y agrega: “Un afecto que es una pasión es una idea confusa. Si, pues, de este afecto nos formamos una idea clara y distinta,…el afecto dejará de ser una pasión” (Escolio). Termina así: “Un afecto está, pues, tanto más en nuestra potestad y el alma padece tanto menos en virtud de él cuanto más conocido nos es” (Corolario).
  3. IV: “No se da ningún afecto del cual no podamos formar algún concepto claro y distinto” (Corolario.). Y agrega: “Cada cual tiene la potestad de entenderse a sí mismo y de entender sus afectos clara y distintamente, si no de manera absoluta, al menos en parte; y, por consiguiente, de lograr padecer menos a causa de ellos. Por eso se ha de procurar, sobre todo, esta cosa, a saber: conocer cada afecto, cuanto es posible, clara y distintamente…; y, por tanto, para que se separe el afecto mismo del pensamiento de una causa externa y se la una a pensamientos verdaderos; de donde resultará que no se destruyan sólo el amor, el odio, etc., sino que los apetitos o deseos que suelen nacer de tal afecto tampoco puedan tener exceso…; y de este modo todos los apetitos o deseos sólo son pasiones en cuanto nacen de ideas inadecuadas; pero son imputados a la virtud cuando son excitados o engendrados por ideas adecuadas…; y fuera de este remedio de los afectos, a saber, el que consiste en su verdadero conocimiento, no puede excogitarse ningún otro más excelente que dependa de nuestra potestad, puesto que no se da ninguna otra potencia del alma más que la de pensar y formar ideas adecuadas…” (Escolio).

EL DESMONTAJE DE LAS PASIONES TRISTES

Después de leer y comentar estos y muchos otros pasajes de la Ética, la mecánica de trabajo se desarrolló así:

 En primer lugar, se realizó una tarea de primer registro: 1) hicimos una exhaustiva lista de las pasiones (cada uno tomó dos o tres letras del diccionario y realizó el inventario más completo posible. No reproduzco esta lista por su extensión, pero quien lo desee puede remitirse a la lista de pasiones registradas en la Ética); 2) de esa lista establecimos cuáles son pasiones tristes y cuáles alegres (se dieron arduos debates, por ejemplo: “compasión”); 3) de esta lista, cada uno seleccionó las cinco pasiones tristes más comunes en su vida.

De esta primera parte surgieron algunas conclusiones. Por un lado, que la pasión más común fue el “enojo” y sus asociados: “sacarse”, “rencor”, “ofensa”, indignación”, etc. Vimos que estas pasiones “enojosas” formaban un “paquete” o una “familia” (posibles de ubicar jerárquicamente, tales como abuelos, padres y madres, tíos, primos, etc.). Secundariamente aparecía o no otro “paquete”, pero el principal era claramente reconocible. Registramos también otras “familias” de pasiones pero, a fin de hacer más clara y sencilla la exposición, solo tomaré la del “enojo”. Vimos, además, que el “enojo” se presentaba de manera casi idéntica entre todos los que lo padecen, lo cual hizo muy claro que esta pasión, más que sustentarse en reacciones únicas y exclusivas de la historia de cada individuo (más allá de lo que él crea) es más bien lo contrario: una reacción típica y supraindividual, a la que en el Laboratorio denominaron “programa”, en el sentido de que se está programado para reaccionar de tal manera.

Se pasó después, a una etapa de segundo registro: 4) al final del día, cada uno debía registrar cuántas veces se había enojado (tomándose cinco minutos antes de dormir); 5) progresivamente, debía anotar en qué circunstancias, porqué se había enojado y con quién.

En esta etapa aparecieron cuestiones muy interesantes. Primero, que los enojos son pensamientos actuados y/o sentidos: “me enojé porque lo que me hizo no está bien”, etc. Esto, que resulta casi una obviedad, sin embargo es algo que por lo general se pasa por alto y se concibe al enojo como una reacción “natural”, ajena al pensamiento, casi “corporal”, tal como respirar o ganas de ir al baño. Estos pensamientos actuados/sentidos, además, son altamente elaborados y de una arquitectura muy precisa: si bien la envidia y los celos, por ejemplo, son parientes cercanos, son también pensamientos bien diferentes: la primera es tristeza por el bien ajeno y alegría por el mal ajeno; en los celos, en cambio, interviene una tercera persona, y es odio a la cosa amada que ama a la tercera, agregándose la envidia a esta última.

En segundo lugar, el enojo es una reacción automática sobre la cual la persona no tiene poder de decisión, es decir, no hay un momento de evaluación donde decide enojarse, sino que simplemente se enoja: cuando llega, el enojo “toma” por asalto, y la persona “cae” en enojo. Sin embargo, desconociendo este hecho, quienes se enojan lo consideran como un acto libre de su parte; “yo me enojo”, afirman, con la misma seguridad y certeza conque decidirían “yo tomo un vaso de agua”. Desconocen o reniegan el hecho evidente de que nadie puede enojarse voluntariamente, porque sí, en cualquier momento y con cualquiera, por mera decisión, sino que se enojan como reacción inmediata ante una situación que, por lo general, no es buscada ni deseada concientemente. Este “ser tomado” por el enojo hace ver que, a pesar de ser un acto que se registra concientemente, en realidad no se decide concientemente sino que viene solo y se impone. Este automatismo no es visto ni registrado por el yo que se enoja, quien, sin embargo, y contra toda evidencia, lo reivindica como una acción propia y libre. Constatamos así una “identificación” plena, casi delirante, del yo con el enojo (lo mismo ocurre con todas las pasiones).

En tercer lugar, al analizar los motivos concientes del enojo, éstos casi siempre se demostraron como infundados, improcedentes y hasta ridículos. Una persona se enoja porque un amigo no le devolvió un libro, cuando esto era altamente probable y él ya lo sabía. Otra se enoja con su esposa porque no tiene una conducta activa en busca de trabajo, cuando sabe que ella siempre fue así. Otra se enoja con los bancos porque cobran altos intereses, y termina diciendo “siempre hacen lo que quieren”. Es decir, los enojos no preparan para una acción eficaz de solución de un problema sino que, al contrario, no conducen más que a hacerse malasangre y a agregar un nuevo problema, agravando la situación. No es raro que, ante estas reacciones, se nos imponga la impresión de que a la gente le gusta enojarse, hacerse malasangre, quejarse, etc. Otro dato no menor: la mayoría de los enojos se producen con las personas más cercanas: esposa/o, madre/padre, hijos/as, etc. A partir del análisis de los diferentes motivos declarados del enojo que realizamos en esta etapa se fue haciendo conciente que, por lo general, los enojos se disparan ante una expectativa frustrada, expectativa por lo general de carácter ilusoria, infundada y hasta ridícula. La constatación de lo ilusorio de tales expectativas trajo consigo alivio, lo que se expresaba en risas y cargadas mutuas entre los participantes del Laboratorio.

Después se pasó a una tercera etapa de registro-acción: 6) se indicó que se registrara el enojo en el mismo momento en que aparecía (o lo más cerca posible); 7) una vez que se establecía el registro del enojo en “tiempo real”, se “parara” o “cortara” la reacción automática, dejando en suspenso el enojo. Esto trajo, nuevamente, observaciones interesantes: se reconoció, clara y unánimemente, que bastaba el registro del enojo en tiempo real para que el enojo cediera y la persona ya no se enojara. Ante esto podríamos concluir que el automatismo del enojo no es algo “natural” e irrevocable; que es posible “parar” el enojo, y que este “parar” no es represión del mismo (“tragarse” o “guardarse” el enojo), sino desmontar el andamiaje que lo sustenta; que este desmontaje del enojo se opera por una “des-identificación” del yo con el enojo, poniendo entre ambos una distancia necesaria para hacer conciente una reacción automática inconciente.

Quien lo desee puede llevar adelante la experiencia reseñada y constatar por sí mismo la efectividad o no de este procedimiento. Por mi parte agrego que también he aplicado este procedimiento al tratamiento con pacientes neuróticos y psicóticos, observando los mismos resultados. Con respecto a las implicancias conceptuales que de esta experiencia se pueden extraer sobre lo inconciente, el yo, el hacer conciente lo inconciente y muchos otros asuntos, dejo a cada cual la tarea de articularlo con el extenso cuerpo de ideas del psicoanálisis.

CONCLUSIONES

Aunque la experiencia del Laboratorio no fue ni es ofrecido como un dispositivo “terapéutico”, son innegables los efectos saludables que conlleva. Esto conduce, por lo menos, a  repensar la identificación plena (que llega hasta constituirlos en sinónimos), entre praxis de salud mental y “tratamiento” psicoterapéutico; también conduce a repensar qué entendemos por “salud mental” y qué por “terapéutico”.

Otro asunto a destacar es que, si bien los cambios en la posición existencial son registrados por cada uno de los integrantes, no menos cierto es que tanto los automatismos, la identificación ciega con la pasión, como el desmontaje del automatismo y el darse cuenta del autoengaño de las motivaciones pasionales son muy similar en todos, lo cual lleva a pensar que no nos enfrentamos con asuntos propios y exclusivos de la historia individual de cada uno, sino identificaciones (ideas-afectos) prototípicos de nuestra cultura que precipitan reacciones y autoengaños propios del yo actual.[4]

Por último, siendo fiel a la letra de Spinoza pero también al espíritu del legado de Freud, la praxis del Laboratorio es una experiencia de pensamiento que hace conciente lo inadecuado de las ideas-afectos de las pasiones y las disuelve mediante la elaboración de ideas-afectos adecuados. No se trata de estudiar la “teoría” de Spinoza sobre las pasiones, se trata, de acuerdo con las palabras de uno de los integrantes, de una “experiencia de verdad”.

[1] Este Laboratorio es la continuación del Taller de Pensamiento que desarrollé desde 1989 al 2002 en diferentes ámbitos de la UBA.

[2] Para ver otros abordajes que hemos realizado en el Laboratorio puede consultarse www.centrolapuerta.com.ar

[3] Tomo las citas de la edición de la Ética del Fondo de Cultura Económico.

[4] Al respecto dice Freud: “A nuestro juicio, también los demás afectos [no solo la angustia] son reproducciones de sucesos antiguos, de importancia vital y, eventualmente, preindividuales; los consideramos como ataques histéricos universales, típicos e innatos comparados a los ataques de la neurosis histérica, recientes e individualmente adquiridos…” (Inhibición, Síntoma y Angustia, VIII, pag. 2860, Ed. Biblioteca Nueva).

2 thoughts on “DESMONTAJE DE LAS PASIONES TRISTES
Héctor Fenoglio

  1. No soy psicoanalista,si medica lectora de articulos como este
    Admiro el pensamiiento Spinoziano y a todo aquel que se interesa y lo pone en practica
    Me resulto muy bueno leer esta experiencia
    gracias
    Dra Graciela Scorzo

  2. ES MUY INTERESANTE ESTE TRABAJO AGRADABLE DE CONOCER NUESTRAS EMOCIONES!!!!ALIVIA SABER QUE LO QUE SE APRENDIO DE FORMA INADECUADA PUEDE VOLVER A FORMULARSE EN SINTONIA MAS SERENA Y SALUDABLE!!!!!¡¡¿COMO PODRIA CONOCERSE MAS SOBRE ESTAS CUESTIONES? EL MUNDO LAS NECESITA Y YO TAMBIEN!!!!!!

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