OLIVERIO GIRONDO, UN RETORNO A LA POESÍA
Entrevista a Tom Lupo

9-tapa

EL MUNDO FUE MAL

Nuestra sociedad no juna mucho a la poesía. La poesía, junto con el arte en general, aparece como la manifestación caprichosa e inútil de espíritus extraviados que no cuajan con este mundo. Un pasatiempo para entretenernos y pasar el rato. Porque, para este mundo, la vida es algo serio. En este mundo «tenés que trabajar, armar una familia, estudiar». Lo esencial, la razón del existir, está en un proyecto blindado y listo para todos.

Supongo que te acordás, muy a tu pesar, cuando un rayo de lucidez fulminó el plan que te esperaba al nacer. Cuando se abrió un abismo negro a tus pies y caminaste por las paredes tratando de no caer. Y viviste días maravillosos y terribles, perdido en un mundo que había cobrado una profundidad insospechada. Encontraste un libro, un acorde, unas palabras que te quebraron la cabeza y te conectaste con el nervio vital. Sentiste en tu cuerpo la incomodidad, la disonancia entre lo que te esperaba y lo que ansiabas. Supiste que el mundo fue mal.

Pero no duró. Aceptaste que quien había ido mal no era el mundo, sino vos. Te resignaste y colocaste tus anteojeras de caballo y todo volvió a empezar. La familia, el colegio, la universidad, el trabajo, el necesitar guita, el celular nuevo y otro más nuevo, y otro más aún…

Y ahí mismo es donde Girondo patea todo tu tablero. Su poesía es un antídoto contra el tedio y el hastío que inundaron como un caldo denso y viscoso el cauce de tus días. Te tuerce, te abre, te incomoda aún más y no te deja quedarte quieto. Nunca volvés a ser el mismo después de leerlo. Una agresividad vital brota de las páginas de sus libros agitando e incitando, a las células rebeldes que aún te quedan en pie, a realizar el motín y tomar el control de tu cuerpo anestesiado para pegar saltos en la noche y patear las estrellas. Ya no sabés adónde vas ni por qué vas; dónde estás ni por qué estás. Su poesía te invita a combatir la normalidad que anhela seguridad y confort. Girondo se te presenta hoy como un aliado íntimo y actual.

 

ENTREVISTA A TOM LUPO

Por Carolina Pinochi, Ramiro Miguel y Héctor Fenoglio

Tom Lupo es poeta, psicoanalista, periodista, hombre de radio. Condujo históricos programas radiales como «Submarino amarillo» y el «Tom Lupo show», donde se encargó de difundir la cultura rock junto con la poesía de Pizarnik, Pessoa, Borges, entre otros. Su militancia por la poesía lo llevó a recorrer pequeños bares de pueblo de las provincias argentinas, donde realizó sus maravillosos recitales de poesía.

Hace pocos días, grabó el disco Giro hondo donde recita poemas de Oliverio Girondo acompañado con música de León Gieco y Luis Gurevich. Con esta creación, nos hizo rencontrar con la obra de este gran poeta argentino.

Ramiro Miguel: ¿Pensás que una poesía, una canción, una revista tiene la fuerza para torcer el destino de una persona?

Tom Lupo: Mmm… Sí. A mí me ha pasado con dos artes: con el cine y con la escritura. Me ha pasado que, al terminar de ver una película o al terminar de leer una novela o un poema, tengo la sensación de que yo ya no soy el mismo y que nunca más voy a ser el mismo. A mí me pasó esa conmoción clara –que no sé si era para mejor o para peor– de que se había suspendido alguna certidumbre. Seguramente, con Pessoa me pasó alguna vez. Me pasó con Lorca, de estar leyendo un poema y parar en una frase y decir «quizá el mundo se construyó para esta frutilla del postre que es la poesía». Porque ni sé para qué vine al mundo, ni lo voy a saber cuando me vaya.

Mi frase preferida de Artaud es «la razón de ser no ha sido descubierta». Creo que es un misterio la existencia. Estoy cansado de que, cuando me pregunto esto, me digan «ay, hijo, no te preguntés, hay que vivir». A mí no me alcanza eso. Yo sufro la angustia de estar sin saber qué mierda es todo esto y de descubrir, cada vez, que somos una partícula en un universo que cada día crece más.Hay algo del arte que no está en la conciencia y que es misterioso, es el momento en que no sirve para nada.

Héctor Fenoglio: «Si nos vamos a ir sin saber, ¿para qué estamos?». Sin embargo, nos preguntamos y eso nos vuelve más vivos. ¿Cómo relacionás la angustia, la poesía y la vida de todos los días?

TL: Hay una introducción del más bello poema de uno de los más grandes poetas de la historia, Pessoa, que contesta lo que estás diciendo. Dice: «No soy nada. Nunca seré nada. No puedo creer ser nada.Y, sin embargo, tengo en mí todos los sueños del mundo».

Tenemos que ir acostumbrándonos a la idea de que vamos a partir sin descubrir qué sentido tiene la vida. Y, sin embargo, uno insiste. Yo creo que esa es una de las grandes motivaciones de la poesía. En el 90% de los grandes poetas que yo leí en mi vida está presente la muerte. Es el gran tema de la poesía que se disfraza de amor, se disfraza de pasión…

Carolina Pinochi: Enrique Molina dice que el poeta lo que busca es «la realización total del ser a través de la poesía». ¿Te parece que el poeta tiene una tarea en nuestra sociedad?

TL: Hay dos tipos de poetas militantes: hay militantes del verbo puro, que no les interesa un carajo la realidad de lo que pasa en el mundo; y están los que mezclaron la poesía con la militancia, como Paco Urondo. Pero yo creo que la militancia del poeta no es con la realidad; es con la palabra misma.

RM: Muchos poetas hacen referencia a cierta «experiencia de posesión» al momento de escribir. Que no son ellos los que escriben, sino que la poesía habla a través de ellos. ¿Cómo pensás vos el proceso de creación poético?

TL: Es increíble cómo los poetas más interesantes de la historia siempre, en algún momento, rozaron este tema. Una de las últimas cartas que escribió Pavese antes de matarse hablaba de eso. Ni hablemos de Girondo que, en el primer poema del CD que hice, nos termina diciendo «no soy yo quien escribe estas palabras huérfanas». Todos hablan de lo que antigua y románticamente se llamó musa, todos hablan de una otredad. He conocido poetas que hablan de una fijación, de cómo no pueden evitar sentarse a escribir algo, de una obligación o un diablillo que los empuja y, cual orgasmo, se calman después de escribir el poema. Todos los poetas importantes, en algún momento, dicen que cuando leen sus escritos les llama la atención, no se reconocen. Viene una especie de «¿yo escribí esto?». Como un olvido, una extrañeza.

Hay otro mecanismo: existe un doble sentido en la frase que aparece después de escrita y que uno no lo pensó. Pensemos en una frase del origen del rock nacional. El autor confiesa que nunca le vio el otro sentido. Él dice «estoy muy solo y triste acá en este mundo abandonado». Y resulta que no sabemos si es él el que está abandonado o el mundo. Y nada menos que Sartre y Heidegger llegaron a decir que la verdadera angustia del ser es pensar que estamos solos en el universo. No es poco decir, porque si estamos solos en el universo la muerte está asegurada. Si hubiera vida en otro lado, por ahí vienen y decretan la inmortalidad, suspenden el tiempo. Si estamos solos en el universo, no hay magia, el destino van a ser los gusanos.

RM: Hay una frase que cita Molina en un prólogo a uno de los libros de Girondo que es de Ramón Gómez de la Serna donde dice que él no recomendaría el libro Espantapájaros para las escuelas, pero que es un libro que ayuda a vivir.

TL: Sí. Yo creo que es verdad. A mí me ayudó a vivir. Hay una frase en Espantapájaros en la primera página y esa frase es la síntesis acerca de que, en realidad, lo práctico no interesa. Dice: «La desorientación de nuestra generación tiene su explicación en la idealización de la acción. Era sin discusión una mistificación en contradicción con nuestra propensión a la meditación, la contemplación y la masturbación».

En 1920 está diciendo: «nos están enseñando mal, quieren que seamos prácticos, quieren que laburemos, cuando en realidad lo único que queremos nosotros es mirar, pensar un poco y hacernos una buena paja». Si eso no te ayuda a vivir…

Las costumbres, eso también está tocado por Girondo. Dice: «Mi abuela, que no era tuerta, me dijo cuidado con la costumbre porque la costumbre es un largo embrutecimiento, la costumbre nos teje una telaraña cotidianamente en las pupilas». Eso también te enseña a vivir en un medio que valoriza la rutina, valoriza nunca faltar al banco. En ese sentido, siempre fue transgresor para su época.

Octavio Paz dijo que el surrealismo nació en Argentina, con la obra de Girondo y Macedonio Fernández. Eso es extraordinario.

RM.: Una de las principales consignas del movimiento surrealista quizá haya sido utilizar el arte para poder transformar la vida. La poesía y la obra de Girondo ¿se encuentran en ese cauce?

TL: Absolutamente. Una crítica a su época, al costumbrismo. Un sinceramiento de desgarramiento, desde un enojo. En sus poemas está el enojo. La posibilidad de ser otro. Él quisiera ser arena para que el agua lo bañe, quisiera vivir adentro de una piedra. Critica su rabo hipócrita, él quisiera tener una cola desatada, quisiera tener un ojo en la nuca. Habla del descontento del ser humano. Me parece que no era un tipo que estaba contento con cómo estaba el mundo.

HF: La poesía y los poetas más que ser militantes por un mundo mejor, son irreverentes con este mundo. Hay como una especie de sustracción, más que una propuesta de un mundo. Hay una sustracción de la estupidez de este mundo y de estos sentidos. Y en ese sentido, Girondo es monstruoso. Es una especie de francotirador de las estupideces, las mata a todas. Una tras otra.

TL: Definitivamente. Hay un poema en el que dice que le da terror asistir a su propio velorio por las estupideces que va a tener que escuchar.

Hay gente que hizo militancia en su vida con la poesía y con sus actitudes, con sus conferencias. Bukowski en Estados Unidos; Enrique Symns en Argentina. Son poetas militantes que siempre están haciendo un escupitajo.

En un lugar muy serio que me invitaron a dar una conferencia, ahí en mi ciudad natal, en Charata, vinieron los del diario del pueblo a preguntar «¿cuál es la función del poeta?», y yo, seriamente, dije «ser un buen alcahuete». El poeta es el que le avisa a los demás: «Muchachos, esto va mal». Hay un poeta que dijo: «He recorrido lo que me falta por vivir y no estoy de acuerdo». El tipo calculó a sus 80 años cómo estaba el mundo, vuelve para acá y dice: «No estoy de acuerdo».

Estas ciudades de mierda que parecen cementerios, cuando podríamos vivir en el campo, en el mar, con mucho más amor, con creación. Hemos hecho un sistema perverso donde el hombre está obligado a sufrir todo el día, trabajar 10 horas, pagar sus impuestos y vivir como un pelotudo. Algo anduvo mal. Si el poeta no denuncia eso, no es un buen alcahuete. El poeta tiene que ser un alcahuete.

CP: Girondo aparece como un alcahuete no sólo de su época. Uno lo lee hoy y es actual en todo lo que dice.

TL: Totalmente. En el prólogo que hizo de las obras completas, Enrique Molina pone el acento en la increíble vigencia de Girondo. Yo me atreví, en el pequeño CD que hice con Gieco, a decir que la escritura de él es completamente actual. Que parece escrita ayer o mañana. La palabra «tranvía» es la única que envejece toda la obra. Pareciera que las buenas obras de arte y las buenas frases siempre son actuales. En cambio, hay frases que envejecen. Se equivocó Machado cuando dijo: «Caminante no hay camino, se hace camino al andar». No, ya no; ya no se puede pensar eso. Antes de nacer te espera un nombre, un lenguaje, una historia. Vos ponés un cachito de cuerpo en una historia que está preparada y que uno la puede cambiar milímetros, en realidad. No es que uno viene a algo no armado, que hay libertad, como creía Machado en ese momento. En Girondo yo nunca encontré una frase que envejezca.

Girondo tiene un poema que se llama «Vórtice» que termina diciendo algo que toda persona a los 40, a los 50, a los 60, a los 70 lo va a decir: se va a mirar al espejo y va a decir: «He perdido la vida, no sé dónde ni cuándo». ¿Quién no va a decir eso en ese momento, si uno siente que tiene 12 años?

RM: Está la frase que vos citás de Artaud: «la razón de ser aún no ha sido descubierta». En ciertas personas, esa frase puede ser tomada como una especie de argumento contra la vida, que la vida no vale la pena ser vivida. Lo que llama la atención en Girondo es que el absurdo, el sinsentido y esa angustia te empujan a la vida.

TL: Es verdad. Hay corrientes que dicen que están los que tiran para abajo y están los que son vitalistas. Era un vitalista en ese sentido. Según el maestro de filosofía Raúl Sciarretta, la primera frase de Heráclito fue: «La primera pregunta que uno tiene que responderse es más bien por qué permanecer y no arder», si uno quiere vivir o no. No es que «nadie se baña en el mismo río las dos veces». Esa es la cultura que zonzó el pensamiento de Heráclito. Y Cioran, 2000 años después, llegó a decir «sólo quienes cuestionan su propia existencia son espíritus subversivos, todo lo demás, empezando por los anarquistas, transan con el sistema», hay que saber eso. Me parece que es legítimo que alguien diga «no me interesa la vida», como hizo Pavese, que dijo: «Si éstas son las reglas de juego, yo me suicido». Yo tengo mucho respeto por eso.

HF: Da la impresión que esas dos alternativas están en uno constantemente, tironeando. Y que eso las mantiene vivas a ambas. No es que una triunfa sobre la otra. Con lo cual, volviendo sobre la angustia, nos mete en mucha confusión. La vida es medio un despelote. Si fuera únicamente llegar a fin de mes y demás, no es tan complicado. Pero poder seguir adelante es raro. Hay una expresión de San Pablo, que en realidad viene de los griegos, que dice «esperar contra toda esperanza». Es decir, así y todo uno sigue. No depende de lo que uno crea, sino que depende de mi propia actitud. Uno puede esperar contra toda esperanza, o no puede.

TL: Serían legítimas ambas posiciones. Porque yo creo que la apología de que hay que vivir, de que todo es maravilloso, a mí no me…

HF: Es una boludez.

TL: Pero ha triunfado en este momento como discurso oficial.

HF: Las primeras publicaciones de Girondo son de 1920. Después vino el rock que tiene una actitud parecida, irreverente y vital al mismo tiempo. Da la impresión que hoy se ha diluido mucho esa posición, que es difícil de encontrar una corriente social real, con peso.

TL: La palabra que estás usando, «peso», es la clave de todo esto. Porque ahora todo es peso. La gente que tiene un coche más lujoso mira con desprecio a la que tiene un coche menos lujoso. La gran preocupación de Heidegger, la gran pregunta que se hace en Ser y tiempo es, más bien, por qué el ente y no el ser. Y bueno, triunfó el ente. Yo creo –sin la sospecha melancólica que todo pasado fue mejor– que está sucediendo eso. La trasgresión ha bajado totalmente y la lucha por la posición, el estatus, el dinero, ha triunfado en todo el mundo. Toda la crisis ahora tiene que ver con que los sistemas defienden a los bancos, todo es para que los bancos no se caigan, y el ser humano pasó a segundo plano.

HF: Pareciera ser que antes cuando se decía «por un mundo mejor», uno no sabía qué carajo decía, pero algo decía. Hoy por hoy, ya llegó ese mundo mejor, es vivir en un country, tener una 4×4 y tener plata. Es raro eso.

TL: Es increíble que se haya reducido todo el misterio de la creación y el descubrimiento de que hay millones de galaxias a un country y a una 4×4. Hay algo que falló. El plan misterioso de la creación no debe tener que ver con esto.

HF: La poesía y el misterio van de la mano. Hoy se ha perdido el misterio.

TL: Totalmente. Hay un poema de un poeta chileno, Gonzalo Rojas, que antes de morir, escribió eso: «Se ha perdido el misterio».

HF: La situación económica en la Argentina está mejor. Pero esto, en vez de hacernos más amplios, parece que nos cierra más. Históricamente, se decía que cuando la clase obrera estaba mejor era cuando más luchaba por un mundo distinto. Ahora no, ahora cierra el upite para no perder.

TL: Absolutamente. Para no perder bajó la solidaridad, bajó la gauchada, bajó todo.

Igual todavía hay esperanza. Está la gente como Wanda Nara, Zulma Lobato… Hay esperanza. No está todo perdido.

CP: Para vos ¿existe algún tipo de aventura, de experiencia para la existencia humana que pueda transformar esta realidad?

TL: Uhhh… Lo que me acuerdo es que cuando solté amarras, cuando me fui un poco por el mundo, cuando me fui de lo cotidiano y no me importaba la AFIP, era más pleno y había menos angustia. Y ahora, que me preocupo porque llegan las expensas y porque cambió el director de la radio y tengo que caerle bien, me angustio más. Hay pocas posibilidades de aventura ahora. Hay que creárselas. Los lugares más misteriosos ya son turísticos. Habrá que inventar algo nuevo. Pequeños espacios tal vez. «Ahora que la televisión ha triunfado –decía en un poema Trejo– me queda recostarme en la noche y escribir algún poema».

Yo tengo una especie de chiste semiológico de por qué quedó la marca Cerdos y Peces. Por qué triunfó esa marca y siempre quedó: porque anticipaba 20 años antes lo que iba a suceder ahora. Todos están en sus habitaciones: ser-de-a-dos, y con las PCs. Cer-dos y Pe-ces. Eso es el mundo. La parejita con sus PCs. Ya adivinó, hace 20 años el título, lo que iba a pasar. Yo creo que es un buen final…

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